
El mundo genera anualmente cerca de 14 millones de toneladas de pieles crudas como consecuencia de la producción de alimentos. Sin embargo, estimaciones de la industria indican que hasta 134 millones de las aproximadamente 334 millones de pieles bovinas disponibles cada año podrían no convertirse en cuero.
De las 14 millones de toneladas, unas 9,4 millones corresponden a bovinos y va en permanente aumento por el mayor consumo en ciertas regiones.
La situación plantea una enorme paradoja económica y ambiental. Los animales se crían fundamentalmente para alimentación: si sus pieles no se industrializan, el impacto de la producción ganadera ya ocurrió y además se desaprovecha una valiosa materia prima natural.
Una de las causas es la pérdida de mercado del cuero frente a materiales sintéticos y textiles, junto con los elevados costos que enfrenta la industria curtidora.
El desafío es, por lo tanto, reducir costos mediante tecnología, automatización, ahorro de agua y energía, procesos más eficientes y mejor aprovechamiento de las materias primas, para conseguir productos de cuero que vuelvan a ser accesibles a una mayor cantidad de consumidores.
Hace 50 o 60 años, una prenda de cuero tenía una presencia mucho mayor en el consumo cotidiano. Hoy, numerosos artículos quedaron concentrados en segmentos de precios altos, mientras avanzó la moda rápida con productos económicos y generalmente de menor duración.
Recuperar el cuero para un mercado más amplio también puede contribuir a combatir ese modelo. Lo importante será aprovechar pieles que ya existen, transformarlas en productos durables, reparables, versátiles y de larga vida útil y evitar que millones terminen convertidas en residuos.
El desafío para la industria es enorme. Se debe hacer nuevamente del cuero un material competitivo, accesible y protagonista de un consumo más responsable.
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