La industria de la indumentaria y el comercio minorista en Argentina atraviesan una de las crisis más profundas de los últimos años, marcada por la caída sostenida de las ventas internas y la creciente presión que ejercen las compras de productos en el exterior -tanto en las plataformas como en tours de compras-, debido a la subvaluación del dólar. Según un reciente informe de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), los argentinos que viajaron al exterior en 2025 gastaron US$ 2.196 millones en prendas, un aumento del 111% respecto del año anterior y un 14% por encima del récord histórico de 2017.

El fenómeno se potencia con el auge del sistema compras en plataformas online extranjeras -que EE.UU. acaba de frenar- , que en julio de 2025 alcanzó su mayor nivel desde su auje, con un crecimiento mensual del 30% y un salto del 390% frente al mismo mes del año pasado. Entre enero y julio, las compras bajo esta modalidad sumaron US$ 408 millones, un 258% más que en 2024, triplicando el ritmo de expansión de las importaciones bajo régimen general. Estas cifras reflejan cómo el acceso a plataformas globales y la eliminación de aranceles favorecen un flujo creciente de productos importados, especialmente asiáticos, que llegan a precios con los que la industria local difícilmente puede competir.

La crisis económica pone en duda la supervivencia del sector calzado.

El impacto en el mercado interno es devastador. El ente estadístico oficial INDEC reportó que las ventas de indumentaria en shoppings acumulan 15 meses consecutivos de caída en los últimos 19 relevados, con un descenso interanual del 9% en junio -comparado con un 2024 que fue trágico-. La contracción también golpea al empleo: entre diciembre de 2023 y abril de 2025, el sector de la confección perdió un 8,4% de sus puestos de trabajo. Esto refleja la incapacidad de sostener la producción frente a la avalancha de compras internacionales.

La recesión general de la economía argentina agrava este cuadro. Con una inflación que ronda el 2% mensual, el ajuste en los ingresos -que redujo el poder adquisitivo de los consumidores-, esta limitada la capacidad de las empresas para trasladar los aumentos de costos y las obliga a aplicar fuertes rebajas para liquidar stocks. Los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) son elocuentes: las ventas minoristas de indumentaria pyme cayeron un 4,8% sólo en agosto, a pesar de coincidir con el Día de la Niñez, fecha que tradicionalmente impulsa el consumo.

El sector textil, el calzado y la marroquinería se encuentran entre los rubros más afectados, en un contexto donde incluso los modestos repuntes observados a comienzos de año no lograron compensar las fuertes caídas de 2024. Los empresarios advierten que la conjunción de menor demanda interna y competencia externa está llevando a muchas firmas a una situación límite, con locales vacíos, cierres de fábricas y un mercado interno cada vez más debilitado.

La magnitud del problema no solo radica en el retroceso de las ventas locales, sino en el cambio estructural de los hábitos de consumo. El acceso masivo a productos internacionales vía Courier y plataformas digitales modifica la relación entre consumidor y comercio, acentuando la brecha entre lo que los clientes buscan -precio y variedad- y lo que la industria nacional puede ofrecer bajo las actuales condiciones.

Con agosto mostrando una inflación del 1,9% y alzas en casi todos los rubros de consumo, la indumentaria retrocedió un 0,3%, confirmando su rol como uno de los sectores más castigados. Los comerciantes recurren a promociones agresivas y descuentos para atraer clientes, pero esas estrategias apenas alcanzan para cubrir costos operativos. La combinación de caída del consumo interno, incremento de las importaciones y pérdida de empleo configura un panorama crítico para la moda argentina, que enfrenta el desafío de reinventarse o resignarse a una pérdida creciente de protagonismo en el mercado nacional.
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Fashion Network / Comunidad Textil / CueroAmérica

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