
La flamante Escuela de Calzado de El Salvador comenzó sus actividades con una respuesta que superó ampliamente su capacidad, dado que se inscribieron 160 personas para una primera etapa que solamente puede atender a 50 alumnos.
El proyecto, inaugurado en Santa Ana, tradicional centro de la industria del cuero y el calzado salvadoreño, enfrenta ahora un desafío de conseguir nuevos apoyos, financiación y equipamiento que permitan abrir más cursos y responder a una demanda de capacitación que quedó claramente demostrada.
La iniciativa nació, precisamente, ante la creciente necesidad de mano de obra especializada que enfrentan las empresas del sector. Parte de los trabajadores capacitados ha emigrado hacia América del Norte en busca de otras oportunidades, generando dificultades para cubrir puestos dentro de la industria local.
Actualmente funcionan dos grupos de 25 alumnos, por la mañana y por la tarde, los lunes, miércoles y viernes. La cantidad de inscriptos permitiría poner rápidamente en marcha otros dos grupos los demás días.
Sin embargo, la ampliación depende de nuevos recursos. Las instituciones que respaldan actualmente el programa financian a los capacitadores y aportan alrededor de US$ 7 diarios por alumno para transporte y almuerzo. Los grupos deben integrarse en partes iguales por salvadoreños retornados al país y residentes locales, una condición vinculada con las características del programa de apoyo.
La Escuela de Calzado fue posible gracias a la cooperación del Gobierno de Italia y su Cancillería, la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE) y la Asociación Salvadoreña de Productores de Calzado y Afines (ASPCA), con la participación de sus dirigentes Héctor Ramos y Douglas López.
Para Antonio Ramos, presidente de ASPCA, la escuela puede transformarse en una herramienta estratégica no solamente para cubrir las necesidades laborales de las fábricas, sino también para formar nuevos emprendedores, elevar la especialización de los trabajadores y generar oportunidades que contribuyan a retener mano de obra en el país.
El proyecto adquiere todavía mayor importancia ante las dificultades que atraviesa la industria del calzado de El Salvador y de buena parte de América Latina, sometida a una creciente presión de las importaciones procedentes de China y, en algunos mercados, del ingreso de calzado usado.
Los 160 inscriptos constituyen una primera señal contundente de que existe una importante demanda de capacitación. Ahora el desafío es conseguir nuevos aportes y, especialmente, maquinaria y tecnología para que la escuela pueda ampliar su capacidad y convertirse en un centro permanente de formación para la industria salvadoreña del calzado.
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