Luca de Meo, un mecánico en boxes del grupo Kering, busca recuperar ganancias

El italiano Luca de Meo dejó el mando de Renault por el mundo de la moda. Kering entró a boxes, la podrá reparar.

Dicen que Luca de Meo quiere ‘reparar’ Kering con mentalidad de mecánico. ¿Podrá la industria automotriz enseñarle a la industria del lujo cómo recuperar sus clientes?

El italiano Luca de Meo, exdirector ejecutivo de Renault y actual máximo responsable de Kering, está protagonizando uno de los experimentos empresariales más audaces de la industria mundial de la moda: aplicar la disciplina industrial, el control de costos y la eficiencia de las fábricas automotrices a un conglomerado de marcas de lujo como Gucci, Saint Laurent, Bottega Veneta y Balenciaga.

Su desafío es recuperar rentabilidad y compradores en un mercado debilitado por la incertidumbre internacional, la pérdida de confianza de los consumidores y una creciente resistencia a pagar precios cada vez más elevados por productos de lujo.

De Meo asumió la conducción de Kering en septiembre de 2025, después de haber encabezado la recuperación de Renault. Encontró una organización con costos elevados, operaciones poco coordinadas, exceso de inventarios y una dependencia considerable de Gucci, cuya facturación había sufrido fuertes retrocesos.

Su respuesta fue lanzar ReconKering, un programa de reorganización que pretende transformar el funcionamiento del grupo, sin sacrificar la identidad de sus marcas. El objetivo es más que duplicar el margen operativo recurrente hacia 2030, respecto del 11% registrado en 2025.

La propuesta tiene mucho de ingeniería automotriz. De Meo quiere que aproximadamente el 70% de la producción se gestione centralizadamente, reducir una red de unos 4.000 proveedores de moda y marroquinería, aprovechar mejor las 37 plantas propias en Italia y acortar los tiempos entre la presentación de una colección y su llegada a las tiendas.

Según una investigación del Financial Times, el ejecutivo descubrió situaciones que considera inaceptables desde una perspectiva industrial: prendas que tardaban más de seis meses en llegar a los comercios después de desfilar y marcas del mismo grupo que utilizaban embalajes completamente diferentes para productos similares.

¿Qué piensa la industria de la moda? Las opiniones están divididas. Algunos analistas consideran indispensable introducir disciplina empresarial en organizaciones acostumbradas a operar con considerable autonomía. Otros advierten que la creatividad, la exclusividad y la artesanía no pueden administrarse exactamente como una línea de montaje de automóviles.

El mercado financiero ha mostrado esa contradicción. En julio, las acciones de Kering subieron casi 17% en una jornada, impulsadas por resultados mejores de lo previsto. Analistas de HSBC destacaron que la empresa estaba concentrándose en prioridades adecuadas para recuperar compradores. Sin embargo, hacia finales de septiembre, la persistente debilidad del mercado del lujo había eliminado las ganancias bursátiles acumuladas desde la llegada de De Meo.

Existen señales alentadoras
Durante el primer semestre de 2026, Kering facturó 7.220 millones de euros, con un crecimiento comparable del 1%, mientras su deuda financiera neta se redujo a 3.300 millones. Gucci comenzó a moderar su caída y algunas nuevas líneas de bolsos encontraron buena recepción entre los consumidores estadounidenses.

Pero el problema excede a Kering. Los conflictos internacionales, las presiones inflacionarias y el debilitamiento del consumo chino y la caída que registra el mercado de los Estados Unidos, están afectando a todo el sector lujo. Incluso compradores de altos ingresos reconsideran adquisiciones costosas, mientras los consumidores aspiracionales, fundamentales para muchas marcas, administran sus presupuestos con mayor prudencia.

Por esto varios especialistas del sector moda plantean la gran incógnita: ¿alcanzará con fabricar mejor, más rápido y a menor costo si los consumidores ya no están dispuestos a pagar cualquier precio?

De Meo intenta demostrar que la eficiencia industrial y la creatividad pueden convivir. Su experimento es seguido atentamente por toda la industria de la moda, porque plantea una cuestión que trasciende a Kering. En un mundo económicamente incierto, las marcas de lujo deberán recuperar no solamente su rentabilidad, sino también la percepción de valor de sus productos.

Y esa “reparación” puede resultar bastante más compleja que la de un automóvil.

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Financial Times / Vogue / CueroAmérica
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